Sábado, 23 Septiembre 2017
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Intenciones del Papa Imprimir E-mail

 

Febrero, el Papa Francisco pide rezar por “por aquellos que están agobiados, especialmente los pobres, los refugiados y los marginados, para que encuentren acogida y apoyo en nuestras comunidades”.


Marzo “por los cristianos perseguidos, para que experimenten el apoyo de toda la Iglesia, por medio de la oración y de la ayuda material”.


Abril, la intención de oración del Papa está dirigida a los “jóvenes, para que sepan responder con generosidad a su propia vocación; considerando seriamente también la posibilidad de consagrarse al Señor en el sacerdocio o en la vida consagrada”.


Mayo, Francisco alienta a rezar “por los cristianos de África, para que den un testimonio profético de reconciliación, de justicia y paz, imitando a Jesús Misericordioso”.


Junio “por los responsables de las naciones, para que se comprometan con decisión a poner fin al comercio de las armas, que causa tantas víctimas inocentes”.

 

Julio, la intención de oración del Santo Padre es “por nuestros hermanos que se han alejado de la fe, para que, a través de nuestra oración y el testimonio evangélico, puedan redescubrir la cercanía del Señor misericordioso y la belleza de la vida cristiana”.

 

Agosto, Francisco alienta a orar “por los artistas de nuestro tiempo, para que, a través de las obras de su creatividad, nos ayuden a todos a descubrir la belleza de la creación”

 

Septiembre, la intención de oración del Papa es “por nuestras parroquias, para que, animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad”.


Octubre, “por el mundo del trabajo, para que a todos les sean asegurados el respeto y la protección de sus derechos y se dé a los desempleados la oportunidad de contribuir a la construcción del bien común”.


Noviembre, Francisco pide rezar “por los cristianos de Asia, para que, dando testimonio del Evangelio con sus palabras y obras, favorezcan el diálogo, la paz y la comprensión mutua, especialmente con aquellos que pertenecen a otras religiones”.


Diciembre, la intención de oración del Papa Francisco es “por los ancianos, para que sostenidos por las familias y las comunidades cristianas, colaboren con su sabiduría y experiencia en la transmisión de la fe y la educación de las nuevas generaciones

 

Enero, la intención de oración del Papa será por “por todos los cristianos, para que, fieles a las enseñanzas del Señor, aporten con la oración y la caridad fraterna, a restablecer la plena comunión eclesial, colaborando para responder a los desafíos actuales de la humanidad”.

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La Catequesis del Buen Pastor nació de la alegría de los niños en el encuentro con Dios, y siempre, donde quiera, ha vivido alimentada de dicha alegría.


Se ha observado que los niños desde la más tierna edad, buscan la experiencia religiosa con avidez, se satisfacen en ella sólo si son ayudados a vivirla en sus elementos más profundos y esenciales, rechazando todo infantilismo. Si estas condiciones se logran, el niño vive su relación con Dios, en asombroso encanto, en profundísima alegría, que lo pone en paz, al satisfacer una exigencia vital y lo prepara para un futuro seguimiento moral de Jesús.


Se ha observado además que niños pertenecientes a la misma franja de edad y de ambientes culturales diferentes responden siempre de igual manera a algunos elementos del mensaje cristiano. De esta manera se ha encontrado poco a poco, a través de la observación, un itinerario de los diferentes anuncios del mensaje cristiano que responden a las exigencias vitales de las diversas edades a partir de los dos y medio años en un proceso de iniciación cristiana.


La catequesis pierde así todo carácter escolástico, para convertirse en experiencia de vida, educación a la fe, celebración del encuentro con el Padre, en la escucha del Único Maestro y en la obediencia al Espíritu.




PERFIL DE LA CATEQUESIS DEL BUEN PASTOR




La Catequesis del Buen Pastor presenta un nuevo paradigma en la catequesis de la Iglesia debido a su perfil específico:


Su carácter investigativo fruto de la observación científica de las reacciones de los seres humanos de diferentes edades y ambientes socioculturales diversos, frente a anuncios de la revelación del misterio de Dios que se les presentan.


Es ajena a sistemas tradicionales escolares en términos de controles, exámenes, tareas, toma de lecciones, etc. Se busca estimular a la persona humana a descubrir a Jesús, su Padre, su Espíritu, las relaciones entre ellos y con nosotros y su Reino.


El método que utiliza es un método de conocimiento “en espiral”, en el sentido que se inicia a la persona humana, aun desde muy pequeña, en la contemplación de los anuncios más esenciales del cristianismo y en un segundo momento, se va ampliando esta presentación en círculos cada vez más amplios situando cada tema en vinculación a los temas ya considerados inicialmente, y a otros que surgen al hilo de la experiencia personal de lo esencial. Lo anterior muestra que los “anuncios cristianos” y la “metodología” no son el resultado de un trabajo de escritorio de los adultos. Son los mismos niños por su “esencialidad” y por el “gozo” con el que acogen el kerigma, el anuncio, quienes han guiado a los adultos hacia la selección procesal de los anuncios que responde a las exigencias vitales, evolutivas de cada edad y que les atrae a participar en los encuentros de catequesis.


Se presenta la Biblia y la Liturgia en su inseparable unidad, así como la historia del Reino de los cielos en su inmensidad, en los dones que Dios da al ser humano, en el proyecto de Dios con la criatura y los pueblos, en las principales etapas de esta historia del reino relacionadas de una manera tipológica y la formación moral desde sus fundamentos en el kerigma hasta la respuesta personal y comunitaria. Estos anuncios acompañan al ser humano en su maduración integral ofreciéndole los contenidos fundamentales de la Iniciación Cristiana en forma procesal y orgánica, así como también una iniciación en la vida y culto de la Iglesia, y su misión en el mundo.


Es fiel a los anuncios que han permanecido en la tradición de la Iglesia, tales como el Buen Pastor, la Luz, la Vid Verdadera, la mezcla del agua y el vino, etc.


Es de carácter antropológico en el sentido de que parte de las exigencias del ser humano según las edades, para ayudarle a vivir una experiencia de Dios como en la Edad de Oro de la Catequesis Patrística.


Es Cristocéntrico–Trinitaria. Inicia el kerigma con la persona de Cristo y a partir de Él, anuncia la Trinidad. Parte del anuncio del Nuevo Testamento. Anuncia las tres Personas realmente distintas en la particular acción que cada una desarrolla en y con los seres humanos.


Es ecuménica en el sentido que está abierta a todos los cristianos de confesiones diferentes y tareas diversas en la Iglesia.


El Atrio es el ambiente preparado en el que se desarrollan las sesiones de catequesis. Las Iglesias son los ambientes especiales para la vida religiosa incluyendo a los niños, pero estos necesitan un ambiente especial para vivir su relación con Dios según su ritmo y sus capacidades y para prepararse allí para vivir en la comunidad eclesial con los adultos. Este lugar es el que María Montessori ha llamado ATRIO, refiriéndose a la arquitectura de las grandes basílicas antiguas en las que se llama atrio al espacio entre la calle y el lugar sagrado, en el cual se prepara para el encuentro con la divinidad. Es una ayuda indirecta que el adulto preparado puede dar al niño para su encuentro con Dios. En el atrio, el niño recibe la Palabra de Dios, y la palabra y signos de la Liturgia y le ofrece el ambiente vivo, adecuado, de silencio, con materiales aptos para trabajar el anuncio recibido de parte de un adulto preparado.


El material para la formación religiosa en la Catequesis del Buen Pastor es una segunda ayuda indirecta para el niño. No es un material didáctico en el sentido que ofrece una ayuda al maestro para hacer su enseñanza más atrayente. Es un material que ofrece al ser humano los temas fundamentales de una catequesis de iniciación cristiana desde los 2 y medio años, y con el cual el niño se detiene sin interferencia directa del adulto, a trabajar sobre el anuncio que ha recibido del catequista. Su objetivo es ayudar al encuentro vital con una Persona concreta, a una relación y por lo tanto ayudar a la meditación y a la oración.


El adulto preparado es el catequista formado que hace parte del ambiente y transmite evidentemente el anuncio del Misterio de Dios que ha recibido, pero teniendo presente, ante todo, que no es una enseñanza escolástica. La actitud del adulto catequista es la del “siervo inútil” del Evangelio (Lc 17, 10), que se manifiesta en un profundo respeto y en una manera de relacionarse con el catequizando, según la edad. Así mismo propiciar un ambiente especial para que se dé el encuentro entre Dios, el Maestro interior, y su criatura de una manera orgánica, como lo recomienda el documento “Catequesis para Nuestros Días” de Su Santidad Juan Pablo ll – (Nº 18). El momento del trabajo personal es el momento constructivo: es la escucha del Maestro interior que poco a poco le ayuda a descubrir cómo ser su discípulo.


La iniciación cristiana de un bautizado no es tarea que pueda ser absorbida sólo por el catequista, es necesaria además para el niño una comunidad familiar que le ayude en la educación en la fe después del bautismo; y en el adulto y en el niño la comunidad cristiana más amplia que vive lo que le anuncia: el mensaje de Cristo muerto y resucitado y su Reino.

 



 

 

Es un hecho la convocación al plebiscito por parte del Presidente, fijado para el domingo 2 de octubre,  con el propósito de conocer el parecer de los ciudadanos en relación con los Acuerdos  de la Habana con las FARC, para poner fin al conflicto armado con ese grupo.

 

No cabe duda de la grande agitación política y de opinión que tanto el proceso de paz como esta convocatoria ha despertado en los diferentes sectores sociales y políticos del país, al punto de generar una inevitable polarización, dado que la respuesta única a la pregunta formulada, será el  “sí”o el “no”. No hay opción intermedia. No  se contempla el voto en blanco y la abstención no reportaría toma de posición sobre la decisión democrática; sólo  por omisión, podría pesar en el mínimo requerido.

 

A este propósito, la Iglesia, con el fin  de acompañar este ejercicio ciudadano, ha entregado un mensaje en la  Asamblea Plenaria, celebrada en julio último, documento en el cual  hace un discernimiento sobre las raíces de la violencia, los compromisos pastorales asumidos por el episcopado y la invitación a ser “Artesanos de La Paz”. En un párrafo imprescindible para entender la posición sobre el plebiscito, y aclarar posibles equívocos que se han venido presentando sobre el asunto, los obispos manifestamos:

 

“Convocamos al pueblo colombiano a participar en la consulta sobre los Acuerdos de La Habana, de manera responsable, con un voto informado y a conciencia, que exprese libremente su opinión, como ejercicio efectivo de la democracia y con el debido respeto de lo que la mayoría finalmente determine”.

 

En efecto, queda claro que hay una invitación a participar, en primer lugar; por otra parte,  que el objeto de la consulta son los acuerdos de La Habana, no la paz, que es un valor y un deber procurarla y buscarla siempre, además una exigencia permanente, el construirla. Sobre el modo, se pide responsabilidad, tratándose de decisión tan delicada y en consecuencia,  por lo que es necesario responder. El voto debe ser informado de manera que, al conocer el contenido y verdad de los acuerdos, garantice la siguiente condición esencial que legitima la decisión tomada que es “en conciencia”. La desinformación es contraria  a este requisito.

 

La conciencia informada es la que en últimas responde por una decisión, pues sopesa y discierne los elementos de bien y riesgos que tal decisión implica en la real construcción, en este caso, del bien común y consecuentemente, de aporte eficaz a la incesante construcción de la paz. El voto debe ser libre, por tanto no sometido a ningún tipo de coacción física o moral o producto de promesas o recompensas indebidas. Finalmente, como forma parte del régimen democrático, en cuanto a resultados electorales se refiere, que la mayoría es quien da la pauta de la consulta, deben ser respetados  y aplicados con las  consecuencias que de ellos se deriven.

 

Por último, es necesario que el discernimiento vaya acompañado de incesante oración para entender el designio de Dios en este momento de nuestra historia, de modo que  podamos avanzar en la construcción de un mundo mejor para todos.

 

Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo dé Bucaramanga

 

 

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CATEQUESIS DEL SANTO PADRE

 

 

Ayer he abierto aquí, en la Basílica de San Pedro, la Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia, después de haberla abierta ya en la Catedral de Bangui en República Centroafricana. Hoy quisiera reflexionar junto a ustedes sobre el significado de este Año Santo, respondiendo a la pregunta: ¿Por qué un Jubileo de la Misericordia? ¿Qué significa esto?


La Iglesia necesita de este momento extraordinario. No digo: es bueno para la Iglesia este tiempo extraordinario, no, no. Digo la Iglesia: necesita de este momento extraordinario. En nuestra época de profundos cambios, la Iglesia está llamada a ofrecer su contribución peculiar, haciendo visibles los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Y el Jubileo es un tiempo favorable para todos nosotros, porque contemplando la Divina Misericordia, que supera cada límite humano y resplandece sobre la obscuridad del pecado, podamos transformarnos en testigos más convencidos y eficaces.


Dirigir la mirada a Dios, Padre misericordioso, y a los hermanos necesitados de misericordia, significa poner la atención sobre el contenido esencial del Evangelio: Jesús  la Misericordia hecha carne, que hace visible a nuestros ojos el gran misterio del Amor trinitario de Dios. Celebrar un Jubileo de la Misericordia equivale a poner de nuevo al centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades lo específico de la fe cristiana, es decir, Jesucristo, Dios misericordioso.


Un Año Santo, por lo tanto, para vivir la misericordia. Si, queridos hermanos y hermanas, este Año Santo nos es ofrecido para experimentar en nuestra vida el toque dulce y suave del perdón de Dios, su presencia al lado de nosotros y su cercanía, sobre todo en los momentos de mayor necesidad.


Este Jubileo, en resumen, es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente “aquello que a Dios le gusta más”. Y, ¿qué cosa es lo que “a Dios le gusta más”? Perdonar a sus hijos, tener misericordia de ellos, de modo que también ellos puedan a su vez perdonar a los hermanos, resplandeciendo como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo. Esto es aquello que a Dios le gusta más. San Ambrosio en un libro de teología que había escrito sobre Adán toma la historia de la creación del mundo y dice que Dios, cada día después de haber creado la luna, el sol o los animales, el libro, la Biblia dice “y Dios dijo que esto era bueno”  pero cuando ha creado al hombre y a la mujer la Biblia dice “Dios dijo que esto era muy bueno” y San Ambrosio se pregunta por qué dice “muy bueno” por qué -dice- está tan contento Dios después de la creación del hombre y de la mujer, porque finalmente tenía a alguno para perdonar. Es bello eh.  La alegría de Dios es perdonar, el ser de Dios es misericordia, por esto este año debemos abrir el corazón, para que este amor, esta alegría de Dios nos llene, nos llene a todos nosotros de esta misericordia.


El Jubileo será un “tiempo favorable” para la Iglesia si aprendemos a elegir “aquello que a Dios le gusta más”, sin ceder a la tentación de pensar que haya algo más importante o prioritario. Nada es más importante que elegir “aquello que a Dios le gusta más”, ¡su misericordia, su amor, su ternura, su abrazo, sus caricias!


También la necesaria obra de renovación de las instituciones y de las estructuras de la Iglesia es un medio que debe conducirnos a hacer la experiencia viva y vivificante de la misericordia de Dios que, sola, puede garantizar a la Iglesia de ser aquella ciudad puesta sobre un monte que no puede permanecer escondida (cfr Mt 5,14). Solamente resplandece una Iglesia misericordiosa. Si debiéramos, aún solo por un momento, olvidar que la misericordia es “aquello que a Dios le gusta más”, cada esfuerzo nuestro sería en vano, porque nos convertiríamos en esclavos de nuestras instituciones y de nuestras estructuras, por más renovadas que puedan ser, pero siempre seríamos esclavos.


«Sentir fuerte en nosotros la alegría de haber sido reencontrados por Jesús, que como Buen Pastor ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos» (Homilía en las Primeras vísperas del domingo de la Divina Misericordia, 11 abril 2015): este es el objetivo que la Iglesia se pone en este Año Santo. Así reforzaremos en nosotros la certeza de que la misericordia puede contribuir realmente a la edificación de un mundo más humano. Especialmente en estos nuestros tiempos, en que el perdón es un huésped raro en los ámbitos de la vida humana, el reclamo a la misericordia se hace más urgente, y esto en cada lugar: en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia.


Cierto, alguno podría objetar: “Pero, Padre, la Iglesia, en este Año, ¿no debería hacer algo más? Es justo contemplar la misericordia de Dios, pero ¡hay muchas necesidades urgentes!”. Es verdad, hay mucho por hacer, y yo en primer lugar no me canso de recordarlo. Pero es necesario tener en cuenta que, a la raíz del olvido de la misericordia, está siempre el amor proprio. En el mundo, esto toma la forma de la búsqueda exclusiva de los propios intereses, de placeres, de honores unidos al querer acumular riquezas, mientras que en la vida de los cristianos se disfraza a menudo de hipocresía y de mundanidad. Todas estas cosas son contrarias a la misericordia. Los lemas del amor propio, que hacen extranjera la misericordia en el mundo, son totalmente tantos y numerosos que frecuentemente no estamos ni siquiera en grado de reconocerlos como límites y como pecado. He aquí por qué es necesario reconocer el ser pecadores, para reforzar en nosotros la certeza de la misericordia divina. “Señor, yo soy un pecador, Señor soy una pecadora, ven con tu misericordia” y esta es una oración bellísima, es fácil eh, es una oración fácil para decirla todos los días, todos los días: “Señor yo soy un pecador, Señor yo soy una pecadora, ven con tu misericordia”.


Queridos hermanos y hermanas, deseo que en este Año Santo, cada uno de nosotros tenga experiencia de la misericordia de Dios, para ser testigos de “aquello que a Dios le gusta más”. ¿Es de ingenuos creer que esto pueda cambiar el mundo? Si, humanamente hablando es de locos, pero «porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres» (1 Cor 1,25). Gracias.



Fuente: Radio Vaticano

 

 

 

 

 

 

 

 

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MEMORIAS DE LA VISITA A ÁFRICA

 

 

"Queridos hermanos y hermanas: Hoy quiero hablarles de mi visita apostólica a Kenia, Uganda y la República Centroafricana, donde he tenido la alegría de llevar la palabra de esperanza de Jesús resucitado.


En Kenia, un País que representa bien el reto global de nuestra época, los animé a cuidar sus riquezas naturales y espirituales, constituidas por los recursos de la tierra, de las nuevas generaciones y de los valores que forman la sabiduría de los pueblos, para que sea justo, inclusivo y sostenible.


En Uganda, bajo la memoria de sus mártires, he constatado el testimonio de esperanza y el servicio en la caridad de tantos discípulos-misioneros que, no obstante las dificultades buscan vivir según el Evangelio.


En la República Centroafricana, corazón geográfico del continente, he querido abrir en la catedral de Bangui la primera Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia, en donde hemos experimentado que el Señor está con nosotros en la barca, es él quien la guía y a él hemos renovado el compromiso de seguirle. Él es nuestra esperanza, nuestra paz, rostro de la divina Misericordia.


Agradezco, una vez más, a las Autoridades civiles y a los Obispos de estas naciones su acogida, y doy las gracias a todos los que de diversos modos han colaborado.


Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España y Latinoamérica. Invito a todos a dar gracias al Señor por este primer Viaje Apostólico a África, y a pedirle que de abundantes frutos y muchos misioneros. Muchas gracias".


RV

 

 

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EL TAZÓN DE MADERA

 

 

Un viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años, ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacía el alimentarse un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.


El hijo y su esposa se cansaron de la situación. “Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo”.


Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.


De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.


El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.


Le preguntó dulcemente: ¿Qué estás haciendo?


Con la misma dulzura el niño le contestó: “Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos”.


Sonrió y siguió con su tarea.


Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.


Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.


Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.


Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.


Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.


He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.


He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.


He aprendido que aun cuando me duela, no debo estar solo.


La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste sentir.



Recuperado de: www.enbuenasmanos.com

 

 

 

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A LAS PUERTAS DEL JUBILEO

 

Con esta reflexión hemos llegado a las puertas del Jubileo, ¡está cerca! Delante de nosotros se encuentra la gran puerta de la Misericordia de Dios, una bonita puerta, que recibe nuestro arrepentimiento ofreciendo la gracia de su perdón. La puerta está generalmente abierta, pero nosotros debemos cruzar el umbral con valentía, cada uno de nosotros tiene detrás de sí cosas que pesan ¿o no? Todos somos pecadores, aprovechemos este momento que viene y crucemos el umbral de esta misericordia de Dios que nunca se cansa de perdonar, ¡entremos por esta puerta con valentía!


Del Sínodo de los obispos, que celebramos el pasado mes de octubre, todas las familias, y toda la Iglesia, recibimos un gran estímulo para encontrarse en el umbral de esta puerta.


La Iglesia fue animada a abrir sus puertas, para salir con el Señor al encuentro de los hijos y las hijas en camino, a veces incierto, a veces perdidos, en estos tiempos difíciles. Las familias cristianas, en particular, fueron animadas a abrir la puerta al Señor que espera para entrar, llevando su bendición y su amistad.


Y si la puerta Misericordia de Dios está siempre abierta, también las puertas de nuestras instituciones debe estar siempre abiertas para que así todos puedan salir a llevar la misericordia de Dios, esto significa el Jubileo, dejar entrar y salir al Señor. El Señor no fuerza nunca la puerta: también Él pide permiso para entrar, pide permiso, no fuerza la puerta, como dice el Libro del Apocalipsis: “Yo estoy a la puerta y llamo -imaginemos al Señor que llama a la puerta de nuestros corazón-.


Si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (3,20). Y en la última gran visión de este Libro, así se profetiza de la Ciudad de Dios: “Sus puertas no se cerrarán durante el día”, lo que significa para siempre, porque “no existirá la noche en ella” (21, 25). Hay sitios en el mundo en los que no se cierran las puertas con llave. Todavía los hay, pero hay muchos donde las puertas blindadas son normales. No debemos rendirnos a la idea de tener que aplicar este sistema que, también de seguridad, a toda nuestra vida, a la vida de la familia, de la ciudad, de la sociedad. Y tampoco a la vida de la Iglesia. ¡Sería terrible! Una Iglesia que no es hospital, así como una familia cerrada en sí misma, mortifica el Evangelio y marchita al mundo. ¡Nada de puertas blindadas en la Iglesia, nada, todo abierto!


La gestión simbólica de las “puertas” -de los umbrales, de los caminos, de las fronteras- se hizo crucial. La puerta debe custodiar, cierto, pero rechazar. La puerta no debe ser forzada, al contrario, se pide permiso, porque la hospitalidad resplandece en la libertad de la acogida, y se oscurece en la prepotencia de la invasión. La puerta se abre frecuentemente, para ver si afuera hay alguien que espera, y tal vez no tiene la valentía, o ni siquiera la fuerza de tocar. ¡Cuánta gente perdió la confianza, no tiene la valentía de llamar a la puerta de nuestro corazón cristiano, las puertas de nuestras iglesias, que están ahí! No tienen la valentía, les quitamos la confianza. Por favor, que esto no sucede nunca.


La puerta dice muchas cosas de la casa, y también de la Iglesia. La gestión de la puerta necesita atento discernimiento y, al mismo tiempo, debe inspirar gran confianza. Quisiera expresar una palabra de agradecimiento para todos los vigilantes de las puertas: de nuestros edificios, de las instituciones cívicas, de las mismas iglesias. Muchas veces la sagacidad y la gentileza de la recepción son capaces de ofrecer una imagen de humanidad y de acogida de la entera casa, ya desde la entrada. ¡Hay que aprender de estos hombres y mujeres, que son los guardianes de los lugares de encuentro y de acogida de ciudad del hombre!


A todos ustedes, custodios de tantas puertas, sean puertas de casas o puertas de iglesias, muchas gracias. Siempre con una sonrisa. Siempre mostrando la acogida de esa casa, de esa iglesia, así la gente se siente feliz y acogida en ese lugar.


En verdad, sabemos bien que nosotros mismos somos los custodios y los siervos de la Puerta de Dios, y la puerta de Dios, ¿cómo se llama? ¿Quién sabe decirlo? ¿Quién es la puerta de Dios? Jesús. ¿Quién es la puerta de Dios? ¡Fuerte! Jesús. Él nos ilumina en todas las puertas de la vida, incluso aquella de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Él mismo ha afirmado: “Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento” (Jn 10, 9).


Jesús es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios es un amparo, no una prisión! La casa de Dios es un amparo, no es una prisión. Y la puerta ¿se llama? ¡Otra vez! ¿Cómo se llama? Jesús. Y si la puerta está cerrada decimos, ‘Señor abre la puerta’. Jesús es la puerta. Jesús es la puerta y nos hace entrar y salir.


Son los ladrones los que tratan de evitar la puerta. Es curioso, los ladrones tratan siempre de entrar por otra parte, la ventana, el techo, pero evitan la puerta porque tienen malas intenciones, y se meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas.


Nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si sentimos su tono de voz, estamos seguros, somos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro. En este hermoso discurso de Jesús, se habla también del guardián, que tiene la tarea de abrir al buen Pastor (Cfr. Jn 10,2).


Si el guardián escucha la voz del Pastor, entonces abre, y hace entrar a todas las ovejas que el Pastor trae, todas, incluso aquellas perdidas en el bosque, que el buen Pastor ha ido a buscarlas. A las ovejas no las elige el guardián, no las elige el secretario parroquial, o la secretaria de la parroquia, no, no las elige. Las ovejas son todas invitadas. Son elegidas por el buen Pastor. El guardián -también él- obedece a la voz del Pastor. Entonces, podemos bien decir que nosotros debemos ser como este guardián. La Iglesia es la portera de la casa del Señor, la Iglesia es la portera, no es la dueña de la casa del Señor.


La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene amparo, para quien huye del peligro. Las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios. Es así que la Iglesia deberá ser reconocida, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios que toca, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta en la cara, con la excusa que no eres de casa.


Con este espíritu estamos cerca, estamos todos cerca del Jubileo. Estará la Puerta Santa, pero está también la puerta de la gran Misericordia de Dios, y que exista también la puerta de nuestro corazón para recibir a todos, tanto para recibir el perdón de Dios como dar nuestro perdón y acoger a todos los que llaman a nuestra puerta”.



AICA

 

 
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