Sábado, 23 Septiembre 2017
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Toda acción del bautizado debe ser una acción pastoral, todo bautizado consciente de su vocación misionera de compartir el don de Dios pone a toda su vida el sello que lo identifica como discípulo, enviado a anunciar la buena noticia que intuyó en su proyecto de vida.

El discipulado  y la evangelización nacen en la mirada compasiva de Jesús quien “Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas”. Eran seres humanos como nosotros, pescadores, carpinteros, gente común y corriente, pero son discípulos. Los ve en el lugar de su diario vivir, fija su mirada en ellos y así los señala para una vocación de discipulado. En la vida de Jesús es obvio que el “hacer discípulos” fue el centro del centro, no hubo aspecto de su ministerio tan importante como el discipulado, el hacer discípulos recibió el lugar privilegiado en el ministerio de Cristo. Los formó a su imagen y semejanza y los preparó para dejar la obra en sus manos, el hacer discípulos demanda esa prioridad.

 
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