Sábado, 23 Septiembre 2017
Facebook
Twitter
YouTube
Plan1 Imprimir E-mail
Escrito por DiocesisLibano   
Sábado, 28 de Enero de 2017 16:36

PLAN DIOCESANO DE

MISIÓN, CATEQUESIS Y PASTORAL

“EL CAMINO”

DIMENSIONES PRÁCTICAS Y OPERATIVAS

INTRODUCCIÓN

Nuestro Señor Jesucristo es quien merece toda la gloria, el honor y la alabanza. Él ha querido, con voluntad expresa, la comunión de vida entre Él y su Iglesia, a la que ha diseñado y constituido UNA, SANTA, CATÓLICA y APOSTÓLICA. Católica es la Iglesia de los cristianos, el Cuerpo único de la única Cabeza, Jesucristo Señor. Por amor a Él y a Ella, durante algunos años, hemos estado diseñando el Plan Diocesano de Misión Catequesis y Pastoral – El Camino, movidos por un interés fundamental que es la fidelidad a la Palabra, acogida en la fe y en la obediencia, tal y como la acogen la Tradición y al Magisterio de la Iglesia. Hemos intentado elaborar una propuesta que sólo podríamos definir como itinerario. Y hemos procurado hacer algo tan simplemente católico[1] que todo el que llegue sienta que está en su casa.

La Diócesis de Líbano-Honda ha constatado y comprendido ampliamente que el contexto de cristiandad[2] en el que vivía su misión hasta hace relativamente pocos años, y en el que se llevaba a cabo la transmisión de la fe, ha cambiado radicalmente. Aunque Colombia es considerada todavía un “país católico”, urge reconocer que ahora vivimos en un contexto misionero, con nuevos desafíos y nuevas perspectivas. Avanza el secularismo y muchas naciones parecen querer sacudirse el cristianismo de encima. El mundo se hace cada vez más globalizado por las nuevas técnicas de la comunicación y los fenómenos que jalonan la opinión pública mueven más conciencias que la misma verdad. El sujeto humano emancipado se ha puesto en el centro del nuevo orden mundial y los gobiernos, la legislación y la jurisprudencia siguen parámetros relativistas dictados por una nueva ética que privilegia lo pasajero, el bienestar material y unas libertades que omiten cualquier reflexión sobre la ley natural. Como resultado de todo esto la sociedad se ha vuelto una red de ideologías que negocian entre sí para lograr una convivencia frágil y extraña. Y las consecuencias se perciben con toda claridad en las nuevas concepciones sobre la familia, sobre un pretendido nuevo concepto de sexualidad, que algunos ahora llaman “género”, sobre el matrimonio, la educación, la cultura y sus expresiones, la transmisión del conocimiento, etc. Cada grupo quiere hacer que sus opciones tengan plena carta de ciudadanía y sus miembros se ponen a sí mismos como punto de referencia, por encima o ignorando la ley natural y a la verdad.

Nosotros hemos reconocido el contexto misionero en el que vivimos y, en consecuencia, hemos optado por la implementación de un proyecto de evangelización que tenga en cuenta esta realidad y que ponga a nuestra Iglesia Particular en movimiento misionero constante. No nos hacemos un eslogan de la “misión permanente”; queremos institucionalizar acciones misioneras de primer anuncio y de kerigma que desaten procesos de iniciación cristiana y que generen comunidades vivas, evangelizadas y evangelizadoras. De esta manera, en consecuencia, estamos diseñando un plan que aplique los tres momentos o etapas esenciales del proceso evangelizador, tal y como lo concibe la Iglesia: acción misionera, acción catequético iniciatoria y acción pastoral.[3]

El presente documento es fruto de reflexiones de varios años sobre este tema. No es la primera vez que se ponen algunas conclusiones por escrito y por eso llamamos la atención a todos los sacerdotes y fieles de la Diócesis para que eviten confusiones sobre posibles cambios en los nombres de algunos pasos. Se trata de ajustes que han sido ampliamente debatidos en el seno de las instancias pastorales correspondientes.

Se ha elaborado esta propuesta a partir del estudio de documentos recientes  como el Decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia, del Concilio Vaticano II (del 7 de diciembre de 1965); la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, del Beato Pablo VI, considerada la carta magna de la Evangelización (del 8 de diciembre de 1975); la Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae,[4] de San Juan Pablo II (1979); el Directorio General para la Catequesis, de la Congregación para el Clero (1997), el Documento Conclusivo de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (2007); la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco (2013) y otros, sabemos que éste es el proceso que la Iglesia, en su labor misionera, siempre ha conocido.

Queremos asumir como actitud fundamental para la implementación de este proceso la acogida mariana virginal de la Palabra de Dios junto con la obediencia apostólica “con Pedro y bajo Pedro”,[5] evidenciada en la obediencia alegre y solidaria al propio Obispo, sucesor de los Apóstoles, y entendida como comunión perfecta en el afecto y en la ejecución de las disposiciones y del plan pastoral diocesano.

Nuestro punto de partida es una sincera conversión personal,[6] pastoral[7] y de las estructuras,[8] según las expresiones de Aparecida.

Nuestra fuerza, entendida como sostén y seguridad, está en la Palabra del Señor que nos manda salir a evangelizar al mundo entero y que identificamos como nuestra misión. Y nuestra fuerza interna, entendida como fuego y luz, proviene del Espíritu Santo a Quien reconocemos como protagonista primero en la labor del anuncio del Evangelio.

No nos cansaremos de repetir que nuestro estilo quiere ser el de María, también en las celebraciones sagradas, en las cuales privilegiamos la alegría contemplativa y discreta sobre las expresiones teatrales, espectaculares o lúdicas. Sabemos que María Madre de la Iglesia es madre precisamente porque en Ella adquiere forma nuestra condición filial. En su “Sí”, nuestro “sí”. Por eso, como Ella, queremos estar prontos a la Palabra de Dios y llevarla en nuestras entrañas, con Ella queremos salir hacia los hermanos para servirles sinceramente en todo lo que esté a nuestro alcance, como Ella queremos ser discretamente apasionados por las cosas de Dios que, aunque sean nuestra fuente de alegría no nos hacen celebrarnos a nosotros mismos sino a Él, cuya grandeza proclamamos con nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestras acciones.

Una ingente nube de testigos,[9] que son nuestros amigos los santos, nos observa, nos estimula y nos ayuda.


 



[1] Como se verá suficientemente, no nos afiliamos a planes pastorales particulares y manejamos con completa libertad de Iglesia la opción diocesana del SINE, al que agradecemos sus aportes. La Iglesia Particular y su responsabilidad de Esposa frente al Esposo, en el misterio de la Alianza, exige que todos sepan que la Iglesia siempre es más que los planes que elabore y la responsabilidad llama a todos a una apertura ilimitada a la sorpresa divina.

[2] Se denomina “cristiandad” a una época en la cual todo estaba permeado por la doctrina y las costumbres cristianas: el calendario, las ciencias y las artes, los nombres de ciudades, parques y calles, los espectáculos, la vida familiar y social, etc.

[3] DGC 49, que recomendamos leer en conexión con su contexto inmediato: números 46 a 49. De este punto en adelante usaremos esta sigla para referirnos al Directorio General para la Catequesis, publicado por la Congregación para el Clero en 1997.

[4] Citada, en adelante, CT.

[5] La expresión latina dice: cum Petro et sub Petro.

[6] Tenemos que cambiar de mentalidad, de criterios y de acciones. Todo en la vida de cada uno de nosotros tiene que parecerse más a los ideales que el Señor nos dejó esbozados en las ocho bienaventuranzas evangélicas de Mateo 5,3-10 y magistralmente vividos Él, como modelo para imitar.

[7] La Iglesia y sus agentes deben convertirse al mandato de Jesús y salir más hacia las periferias existenciales de las personas. La pastoral misma debe dejar de ser pastoral de élites y de conservación para dar paso a una acción verdaderamente interesada en representar al Pastor Supremo que da la vida por sus ovejas, que conoce y quienes lo conocen a Él como único camino, verdad y vida. Que no se llame más “pastor” quien solo quiere la leche y la lana de las ovejas sino el que huela a oveja, el que dé alimento sustancioso al rebaño, el que ofrezca protección y vigilancia al redil.

[8] Es urgente suprimir, cambiar o renovar las estructuras, tanto pastorales como administrativas, que no sirvan al fin único de alabar, obedecer humildemente y servir a Dios nuestro Señor, así como al proceso de conversión personal y pastoral de los creyentes. Esta Diócesis quiere firme y positivamente cumplir en esto, y en todo, la Voluntad de Dios.

[9] Heb 12,1

Última actualización el Sábado, 28 de Enero de 2017 16:40
 
Copyright © 2017. Diócesis de Libano Honda. Designed by Shape5.com