Sábado, 23 Septiembre 2017
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LAS BIENAVENTURANZAS Imprimir E-mail

Dios nos ha creado para ser felices. La dicha plena y la felicidad es la meta de la realización plena de la persona humana. Jesús con el anuncio de las bienaventuranzas nos indica que el camino de la felicidad se encuentra en el hecho de que  Dios se ha puesto de nuestra parte.  Las Bienaventuranzas son Gracia, es decir, anuncio de la gratuidad de un Dios que promete al hombre la realización plena de todos sus anhelos.


Aunque a primera vista no parece evidente (y sobre todo en el ámbito de ciertas  traducciones de nuestras Biblias), el primer y único protagonista de las Bienaventuranzas  no es  tanto el  afortunado receptor de las mismas, sino Aquel que promete la felicidad: Dios mismo. Esto se hace evidente a nuestros ojos distinguiendo la estructuración de cada una de ellas.



Las bienaventuranzas en Mateo se distancian en un detalle de la antigua tradición de redacción propia del género del macarismo (del griego makarizw: proclamar dichoso, feliz) que se encuentra distribuido en el antiguo y en el Nuevo Testamento (cf. 1Re 10,8; Gn 30,13; Sal 144,15;84,12; Dn 12,12; Lc 1, 45; Rom 4,6, etc.). A diferencia de aquellas, en donde la fórmula tiene solo un hemistiquio (la parte de un verso), las ocho bienaventuranzas que leemos en Mateo están estructuradas en dos partes: en la primera Jesús anuncia el macarismo (Bienaventurados, Felices, Dichosos) atribuyéndolo a un género específico de personas (los pobres en el espíritu, los que lloran, los mansos, etc.);  y en la segunda se especifican las razones de la proclamación de la Bienaventuranza (porque de ellos es el reino de los cielos, porque recibirán el consuelo, etc). Es necesario insistir en esta diferencia para comprender el anuncio de Jesús y realizar una correcta  interpretación de las  bienaventuranzas sin caer en reduccionismos.

 


De las dos partes de las bienaventuranzas que nos trasmite el evangelista Mateo podríamos pensar en un primer momento que la más importante es la primera. Si fuera así el acento de la enseñanza de Jesús caería en el género de vida de quienes reciben la bienaventuranza, y esta misma podría llegar a identificarse con su propia situación. La felicidad estaría en el  ser Pobre en el Espíritu, en llorar, en ser manso, etc. Si consideramos la primera parte de la bienaventuranza como la más importante, se caería también en una tentación, bastante  difundida entre nosotros, y es la de considerar que las bienaventuranzas son por esta razón  imperativos morales. De nuevo la tentación moralizante sobre el anuncio y la predicación de Jesús saldría a flote: para ser felices (Bienaventurados) tendríamos que llorar,  tendríamos que ser perseguidos, tendríamos que ser mansos, tener que, tener que, tener que…. etc…  ¿es esta la Buena noticia de Jesús? ¿Jesús quería realmente poner el acento  sobre nuestro hacer y nuestro ser?

Ante esta propuesta, nada entusiasmante, nos queda ponernos de parte de la segunda parte  de cada bienaventuranza. De hecho la formulación de las mismas nos ayuda. El anuncio de la felicidad plena y operante por parte de Jesús (Bienaventurados los que…) se da por un motivo esencial: porque Dios mismo se convierte en el único protagonista de nuestra felicidad. En la segunda parte de las Bienaventuranzas (porque de ellos es el reino de los cielos, porque recibirán el consuelo, etc.) se dan las razones de la felicidad anunciada por Jesús. De forma más grafica se pudiera formular de esta manera: Es Feliz el que llora, No Porque Llora, sino Porque recibirá el consuelo.  Si consideramos la segunda  parte de cada bienaventuranza como la más importante nos daremos cuenta que, de forma evidente,  el protagonista de la felicidad del Hombre es Dios. Dios es el que consuela, Dios es el que entrega el reino, Dios es el que satisface la sed de justicia, Dios es el que llama al hombre hijo suyo…. Si Dios hace todo esto, debemos estar felices y dichosos: Dios mismo está de nuestra Parte.


Jesús de esta manera, comunica evangelio, da la buena noticia, no impone nada sino que  anuncia la dicha que colma el corazón de todo hombre. En la nueva “Ley” que Jesús quiere promulgar no está el ámbito de la obligación y del cumplimiento, sino el de la adhesión y la  aceptación del anuncio de Felicidad plena que sólo Dios ofrece. El que oye de los labios de Jesús las bienaventuranzas, se introduce en un mundo nuevo en donde se revela el rostro de Dios, en donde él se pone de parte de los hombres y en donde el hombre empieza a participar de una dicha que no puede darse a sí mismo sino que le es propuesta como don completamente gratuito. La primera parte de la bienaventuranza también continua siendo importante, pero ya no como una obligación o una prescripción moral, sino como condición y actitud fundamental para participar de la felicidad prometida por Dios en Jesucristo. A continuación haremos un brevísimo repaso de cada una de las ocho bienaventuranzas que aparecen en la redacción del evangelista Mateo, y descubriremos en cada una de ellas el evangelio de la felicidad que nos anuncia Jesucristo.

 

 

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EXPERIENCIA PARROQUIA SAN VICENTE DE PAÚL – LÍBANO


(Pbro. Rubén Ochoa)

 


En la conciencia de los pueblos ha quedado estampada la figura de hombres y mujeres que han sido fieles a sus valores y principios; a estas personas la sociedad las identifica como líderes y héroes. Ellos nos han aportado: ciencia, fe, arte, literatura, entre otros.


Cada año se les recuerda con alegría, y el hacerlo nos simpatiza; sus vidas, sus aportes, su ejemplo. Al recordarlos celebramos con júbilo su recorrido en la existencia humana. También,  en la vida de la Iglesia han existido valiosos hombres y mujeres de gran corazón y excelente nobleza; a ellos los llamamos SANTOS. Los santos como tal, son personas iguales a nosotros, su diferencia es que ellos descubrieron cómo Dios los amaba y fueron madurando su compromiso bautismal hasta alcanzar nobles ideales, llegaron de esta manera a ser héroes en las virtudes como lo son la fe, la esperanza, la caridad, la justicia, la fortaleza, templanza, la humildad, de esta forma unieron sus vidas a Jesús el misionero del Padre. Claramente un santo en la Iglesia es una persona por donde pasa la LUZ de Dios.


A lo largo de la Historia de la Salvación, Dios se ha dignado llamar a diferentes hombres y mujeres a su servicio, ellos responden con libertad al Dios de la vida, y al hacerlo nos muestran un camino viable para llegar a la santidad de vida, vocación de todo bautizado. Así surgió en la historia de la Iglesia un hombre llamado VICENTE, hombre educado en la fe y en la virtud, llegó a ser sacerdote y como tal vivió y predicó la caridad evangélica como una manera de hacer la voluntad de Dios, no se quedó en palabras vacías que fácilmente se las lleva el viento. De la predicación pasó a la acción, se rodeó de gente que veía con buenos ojos la caridad por él predicada. Fundó diversas comunidades femeninas y masculinas con lo cual creció en el camino de la santidad.


En la Diócesis de Líbano – Honda, existe la comunidad parroquial cuyo patrono es San Vicente de Paúl, ubicada en la municipalidad del Líbano. En esta porción del pueblo de Dios desde hace algún tiempo y con el acompañamiento de diversos sacerdotes se ha llevado a cabo una labor pastoral de diversas maneras. En la actualidad se continúa con espíritu evangélico unido al santo patrono. Cada martes se reparten mercados a familias necesitadas, se visita la penitenciaría los últimos lunes de cada mes, se hace presencia de Iglesia en el cementerio el primer lunes de cada mes, la celebración de la Eucaristía diariamente y dominical, lo mismo que visitas a diversas veredas que atañen a esta Parroquia con los buenos deseos de enrutarla hacia la conformación de comunidades apostólicas.


Ser misionero es asumir libre y voluntariamente a Nuestro Señor Jesucristo y su mensaje liberador; para darlo a conocer, y así, él sea amado y vivido por los hermanos. Lo anterior se hace realidad mediante una vida sencilla y comprometida desde la fe, la oración, testimonio y aporte económico de todos los miembros de esta comunidad.


En el mes de octubre, la Iglesia nos invita a reflexionar acerca de su esencia: “La Iglesia existe para Evangelizar”. Una oportunidad para pensar en la manera novedosa de llevar el mensaje redentor de Cristo a diversos pueblos y comunidades.

 



Animados por este espíritu misionero eclesial, nos desplazamos hacia las veredas para compartir con la gente y celebrar la Eucaristía. En este mes se comparte un mensaje acerca de la Iglesia misionera y de nuestro compromiso bautismal. En este último domingo, en la vereda La Gregorita, el sacerdote y la comunidad se pusieron de acuerdo para la celebración de Bautismos y primeras comuniones de este año. Continuamos nuestro camino realizando nuestra vocación cristiana.

 

 

 

 


El Evangelio de la Alegría (Segunda parte)

Pbro. Jorge Esteban Mazo


El Sermón de la Montaña es introducido por el anuncio de las Bienaventuranzas. La Buena Noticia de Jesús y la novedad de su predicación no es otra cosa que el anuncio de la Bienaventuranza, el anuncio de la Felicidad. Para comprobar con más claridad esta afirmación el evangelista Mateo presenta, de manera intencional, el ambiente de la montaña  y de la convocación de la muchedumbre (Mt 5,1) como el escenario  del discurso de Jesús, el cual  resulta siendo un paralelo directo de la gran teofanía del Sinaí (Ex 19, 10-20,1ss),  el precedente histórico más importante de este acontecimiento, y su clave de interpretación.


Así como para el pueblo de Israel, la revelación en el Sinaí fue el momento determinante en el que Dios se manifestó como el soberano absoluto del Pueblo, entregándole por mano de Moisés la ley, condición única para poder Servir a YHWH en la Libertad, de la misma manera en el escenario del monte de la nueva alianza, Jesús  entrega  a sus discípulos y a la muchedumbre convocada la nueva “Ley”, que será la hoja de ruta  que al ser observada, conducirá a los discípulos a formar el nuevo pueblo de Dios, la nueva asamblea que servirá al Señor también en la libertad. Aunque similares a nivel de forma, a nivel de contenido estos dos momentos fundacionales tienen diferencias de superación importantes:


1. Jesús no aparece como el nuevo Moisés. Moisés recibió la Ley de parte de Dios, y luego la comunicó al pueblo que no podía subir a la montaña de la manifestación teofánica so pena de muerte (Ex 19,10-25; 20, 18-21). Jesús no recibe la Ley de Dios, él mismo la da. Ejerce las funciones del mismo Dios. Los  discípulos están en torno a él y la muchedumbre se le puede acercar. Los límites  trazados al pueblo de la antigua alianza para acceder a Dios, son rotos en la nueva alianza, donde Dios puede hablar cara a cara con su Pueblo.


2. Jesús tiene la función de legislador absoluto y entrega a sus discípulos, y a la  muchedumbre una “Nueva Ley”, cuya  característica principal es que NO ES UNA LEY.


Los diez mandamientos (“las diez palabras” según la tradición hebrea) son entregados por Dios al pueblo como la hoja de ruta que les permitirá a los Israelitas conquistar la verdadera libertad, que se encuentra en el servicio a Dios y en el respeto, por amor a Dios, de las relaciones entre los miembros de la comunidad rescatada de la esclavitud. Tienen la tonalidad del imperativo moral, son breves y apodícticos. Las Bienaventuranzas en cambio, no son nuevos mandamientos y no vienen formuladas como si fueran imperativos morales, esta es la razón por la cual no se les puede considerar una “ley” en el sentido estricto del término. Las Bienaventuranzas son antes que nada, un anuncio, y el contenido de este  anuncio es la felicidad.

 

 


 


El  Evangelio de la  Alegría (Primera parte)

Pbro. Jorge Esteban Mazo


Delante de un mundo en el que el aporte cristiano es negado culturalmente y en donde se ha convertido en una urgencia apremiante dar las “razones de nuestra  esperanza” (1 Pe 3, 15), se hace cada vez  más  necesario “gritar desde los  tejados” la palabra  por la que Dios ha dado forma a nuestra identidad desde el principio. Si se nos  ofreciera  el reto,  delante un no creyente, de presentar en pocas palabras el contenido del evangelio y de exponer la novedad del cristianismo, describiendo los motivos que  nos  han llevado a creer y a ser discípulos de Jesucristo, ¿cuál sería  nuestra  respuesta?


Posiblemente, casi a manera de reflejo, la primera respuesta  que se nos  viene  a  la mente sería la de decir que lo que caracteriza el actuar y la  identidad del cristiano es el mandamiento del amor que nos dejó Jesús (Jn 13,34). A partir de aquí deberíamos afirmar que nuestra característica principal como discípulos de Jesucristo es que vivimos una religión en la que se practica el Amor universal, un amor llevado a la vida a la manera de Jesús. Esta respuesta, aunque correcta, no es totalmente acertada. Al responder de esta manera continuaríamos una larga línea de tradición que ha encasillado nuestra experiencia cristiana dentro del ámbito de  la “práctica” del precepto: ¿Somos en realidad  una religión del “hacer”? ¿Es el Cristianismo una Ley perfecta? ¿Somos cristianos porque “cumplimos” una ley perfecta, aunque esta ley fuese la del amor universal? ¿Es esta la buena noticia de la que nos habló Jesús?


Es necesario entonces redirigir nuestra mirada al concepto de “Evangelio”. El evangelio, “la buena noticia” (Lit. el buen anuncio), es el centro de la enseñanza de Jesús. Debemos tener por descontado el hecho de que la predicación de Jesús no pretendió de ninguna manera ofrecernos una larga lista de normas, cuya condición de práctica fuese la carta de entrada al grupo de sus seguidores. El anuncio y la predicación del evangelio por parte de Jesús tiene, por el contrario, la característica principal de ser Revelador, es decir,   pone ante nuestros ojos y ante nuestro entendimiento una realidad luminosa, un mensaje  novedoso cuyo contenido principal es precisamente el misterio de Dios. Cristo, siendo el camino que conduce al Padre (Jn 14,5-11), muestra a sus discípulos con su ser y obrar el rostro de Dios. Dicho de otro modo, Jesús nos revela el modo de ser del Dios que saliendo de su trascendencia infinita se ha involucrado definitivamente con el ser humano.


De todos los discursos de Jesús que la tradición evangélica ha conservado, el  denominado sermón de la montaña (Mt 5-7), ha sido para la tradición cristiana un pasaje que ha esclarecido de forma evidente el contenido de “la buena noticia” de Jesús. No es que los demás discursos de Jesús no contengan de forma clara el “evangelio” predicado por el Maestro en su vida terrena, de hecho, las memorias de los discípulos que han conservado los gestos y las acciones de Jesús y los han puesto por escrito son en su conjunto “todo” el anuncio de la novedad de Cristo. Sin embargo, el discurso de  la montaña, que ha llegado a nosotros en las versiones de Lucas (6-7) y de Mateo, posee en su forma y contenido las  característica de ser una  presentación y, al mismo tiempo, un compendio del “evangelio” de Jesús que, como lo veremos, manifiesta de forma clara el Protagonismo revelador de un Dios que se ha puesto de parte de los hombres.

 

 


EXPERIENCIA DE UN MISIONERO DIOCESANO EN ETIOPÍA

 

 

 

La parábola de la vid y los sarmientos me ha servido mucho en mi crecimiento en la fe: “Sin mi ustedes no pueden hacer nada”. He llegado a comprender y asumir con mayor claridad que si no tengo una relación personal con el Señor no es posible asumir un compromiso serio en la vida sacerdotal y misionera. Este tiempo ha sido para mí una gran oportunidad para ahondar en mis motivaciones vocacionales, en el por qué yo soy misionero y sacerdote. En la medida en que esto esté claro, la alegría interior siempre estará ahí en el corazón. Así lo he experimentado yo. Al regresar del África siento que lo que menos me interesa es el afanarme en el “hacer”. Lo que más me da temor al regresar a mi diócesis es volver al ritmo alocado en el que viven la mayoría de los sacerdotes entre nosotros: “haga, diga, vaya, celebre, venga, hable con fulano/a, solucióneme este problema.” Creo que ese activismo desbordado no es sano. Lo que más me interesa ahora es tener una vida sobria, con más tiempo para la reflexión y la oración, ¿no es de allí de donde brota el entusiasmo misionero y la fidelidad al ministerio sacerdotal?  Tres cosas tengo claras: 1. No me quiero endeudar. En África aprendí a vivir con lo mínimo, lo necesario para vivir. 2. No quiero entrar en el activismo. 3. Buscar una relación seria con el Señor; ya que mi vida es suya y su gracia me sostiene.

 

 


TU MENSAJE PARA LOS MISIONEROS QUE SE INTERESEN

 


Siento una gran admiración por los Misioneros y la Misión. Comprendo mejor ahora lo que significa optar por la misión “de por vida”. Les envío, primero que todo, mi reconocimiento a esa gran labor misionera que realizan en innumerables rincones del mundo. Ya sé lo que significa estar lejos de la patria, insertos en otra cultura, manejando otro idioma, viviendo en situaciones de pobreza, de limitaciones económicas. Por esto mi admiración por ustedes. Lo segundo es recordarles que la opción por la misión debe hacerse todos los días. Esta opción por la vida misionera como vocación específica, en el sentido estricto de la palabra “misión”, debe estar renovándose diariamente. Este es un servicio invaluable a la Iglesia. A los misioneros siempre nos queda la satisfacción de que muchas personas descubren su fe a través nuestro. Si esta opción y las motivaciones misioneras no se alimentan diariamente se corre el riesgo de poner en peligro la perseverancia e irse a buscar otras cosas. No dejen de alimentar la grandeza de su vocación misionera Ad gentes.

 

 

 

 


EL AMOR DE LOS SACERDOTES A LA VIRGEN MARÍA

(Presbítero Arsenio Carvajal)

 

Todos los cristianos hemos de amar a María ya que ella es la madre de la humanidad. Hoy quiero honrarla desde la consideración del ministerio sacerdotal que por gracia y predilección de Dios ejerzo.


Quiero iniciar reconociendo que María es Madre especial de los sacerdotes porque es Madre de Cristo, Sumo, Eterno y Único Sacerdote.


Desde los años de formación en el Seminario, he cultivado el amor y devoción a la madre del cielo y en esos años le compuse unos versos que le he dedicado muchas veces y que son el reconocimiento de su presencia en el plan amoroso de Dios para la salvación de la humanidad.


María Corredentora

La Madre en pie junto a la cruz veía,

del buen Jesús el cruel padecimiento

Y así, esperando el último momento,

Su corazón en hiel se derretía.

 

Ni una queja, ni un ¡ay! nada se oía,

Su pecho virginal, no dio un lamento,

De sus ojos, azul de firmamento,

Un lento gotear se percibía.

 

Del tierno agonizante una mirada,

Reflejo de su alma dolorida,

Vio la del hombre al cielo levantada.

 

Con el dolor y entrega de su vida,

Contribuyó la Madre Inmaculada

A rescatar la humanidad perdida

 

 

María fue la compañera de Cristo Sacerdote, desde el pesebre hasta la cruz. De la mima manera, ella ha acompañado con solicitud maternal a todos los sacerdotes de la historia porque cada sacerdote es “otro Cristo”. Los sacerdotes reconocemos en ella una intercesora, una Maestra, pero sobre todo una Madre.


María Madre sigue protegiendo al sacerdote como la madre protege al niño y trata de librarlo de todo mal. Ella, conocedora de la naturaleza de barro del hombre sacerdote, lo alienta a buscar el perdón en la caída, lo fortalece en la debilidad, lo anima para que pueda soportar la incomprensión y el rechazo que a veces encuentra en el camino y lo ayuda a perseverar en el camino de la santidad y en los medios para alcanzarla.


María educa al sacerdote para que viva al estilo de Cristo Sacerdote y de acuerdo a su corazón amante experimentando hacia los hombres la plenitud de la misericordia. El sacerdote, reconociendo en la Santísima Virgen, el regalo inmenso que el Salvador hiciera en la hora del calvario, la acoge como Juan, en su casa, la casa de su corazón, de su vida, de su ministerio y desde allí se consagra a ella, la ama, dialoga filialmente con ella, le repite sin cesar su amor en el Rosario y le obsequia los sentimientos de su corazón.


PRIMACÍA DE LA VIDA ESPIRITUAL PARA EL SACERDOTE


¿Qué tan importantes somos para Jesús? ¿Qué tan importante es Jesús para nosotros?


Jesús dio a sus apóstoles la mayor importancia y se dedicó a formarlos y a acompañarlos en su vida y misión. Sin Él no podían hacer nada (Cf Jn. 15, 5). También nosotros tenemos en él la fuente, el motor y el fin de nuestra vida y ministerio. Por ello hemos de vivir en especial comunión con Él, viviendo como Él y dedicándonos enteramente a servirlo.


Como nos recuerda el Directorio, “Los presbíteros mantendrán vivo su ministerio con una vida espiritual a la que darán primacía absoluta, evitando descuidarla a causa de las diversas actividades”. Una vida de amigos, de discípulos y de buenos pastores. Una vida en unión progresiva con Él y de discipulado fiel, que alimente nuestra caridad pastoral.


Eso no es fácil, pero es lo que le da unidad y armonía a nuestra vida y ministerio. ¿Verdad?


Profundicemos sobre esta primacía de la vida espiritual con ayuda del texto ofrecido por el directorio y compartamos con otros hermanos al respecto Del Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, nueva edición (2013), n. 49:


Se podría decir que el presbítero ha sido concebido en la larga noche de oración en la que el Señor Jesús habló al Padre acerca de sus Apóstoles y, ciertamente, de todos aquellos que, a lo largo de los siglos, participarían de su misma misión (cfr. Lc 6, 12; Jn 17, 15-20) [196]. La misma oración de Jesús en el huerto de Getsemaní (cfr. Mt 26, 36-44), dirigida toda ella hacia el sacrificio sacerdotal del Gólgota, manifiesta de modo paradigmático «hasta qué punto nuestro sacerdocio debe estar profundamente vinculado a la oración, radicado en la oración» [197].


Nacidos como fruto de esta oración y llamados a renovar de modo sacramental e incruento un Sacrificio que de esta es inseparable, los presbíteros mantendrán vivo su ministerio con una vida espiritual a la que darán primacía absoluta, evitando descuidarla a causa de las diversas actividades. Precisamente para desarrollar un ministerio pastoral fructuoso, el sacerdote necesita tener una sintonía particular y profunda con Cristo, el Buen Pastor, el único protagonista principal de cada acción pastoral: «Él [Cristo] es siempre el principio y fuente de la unidad de la vida de los presbíteros. Por tanto, estos conseguirán la unidad de su vida uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre y en la entrega de sí mismos a favor del rebaño a ellos confiado. Así, realizando la misión del buen Pastor, encontrarán en el ejercicio mismo de la caridad pastoral el vínculo de la perfección sacerdotal que una su vida con su acción» [198].

 

 

CATEQUESIS DEL BUEN PASTOR (Pbro. Dairo Cataño)

 


Con inmensa alegría y gratitud para con Dios Nuestro Señor, con la Delegación de Catequesis de Nuestra Diócesis orientada por Monseñor José Miguel Rodríguez, con la Hermana María Pujos y el gran equipo asesor que trabaja por responder a los vacíos pastorales existentes en la Iglesia en el proceso de la iniciación cristiana,  hemos finalizado nuestra primera fase de formación (tres semanas)  de la Catequesis del Buen Pastor, que comprende a los niños menores de seis años, bajo la pedagogía Montessori, contribuyendo a nuestra formación en gran medida al cambio de mentalidad en la concepción de la catequesis, según lo pide la Iglesia desde sus inicios como una verdadera “aventura”.



Gracias a Nora María Bonilla y María Teresa López, expertas tutoras, pertenecientes a ACOFOREC, Instituto de investigación y formación catequética, hemos recibido una excelente formación teórico/práctica para iniciar en la vida cristiana a los niños en la metodología de la Catequesis del Buen Pastor, además de muchas herramientas para ayudar a las familias y adultos de nuestras comunidades parroquiales en su verdadera iniciación como cristianos.


El pasado viernes 25 de abril, con una Eucaristía con-celebrada en la Co-Catedral nuestra Señora del Rosario de Honda, le hemos agradecido a Dios, por esta hermosa experiencia que hasta ahora apenas comienza, pues las metas trazadas son muy grandes, así mismo los desafíos para emprender este nuevo paradigma que hará que nuevos iniciados en la fe lleguen fortalecidos verdaderamente al encuentro con el Señor.  La formación recibida nos ha capacitado con documentos sobre el potencial religioso del niño, sobre cómo ayudar al encuentro entre el niño y Dios, además de algunas investigaciones que se han adelantado sobre el intercambio de influencias entre el niño, la familia y la sociedad; estudios de cómo impregnar siempre más la vida de la Biblia celebrada en la Liturgia. Nos han asesorado sobre la organización de centros de catequesis, elaboración de material de catequesis y sus respectivos programas para el trabajo individual y grupal. Todo esto ha despertado en nosotros un gran interés para renovar todas las estructuras en la Iglesia, y hacer a la gente más fácil el camino de la Evangelización.


Bienvenida la Catequesis del Buen Pastor a nuestra Diócesis, quien en sus 25 años quiere continuar fortaleciendo al ser humano en su maduración integral, ofreciéndoles el a, b, c del Cristianismo en forma sistemática y orgánica, así como también, una iniciación en la vida y el culto de la Iglesia y su misión en el mundo.

 

 
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