Sábado, 23 Septiembre 2017
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ECONOMATO Imprimir E-mail

La Iglesia para desarrollar la misión encomendad por Jesucristo, se ha servido desde el inicio de su existencia de los bienes temporales (Hch. 2, 44 – 45. 4,35) y a lo largo de su historia ha buscado garantizar una correcta administración de dichos bienes, con la convicción de que pertenecen a la Iglesia para cumplir su misión, y no a los hombres de la Iglesia, que son solo sus administradores.

 

Las opciones eclesiales en el ámbito económico constituyen uno de los mayores desafíos para la credibilidad de la Iglesia, y de sus Instituciones, que deben usar los bienes temporales como un medio para lograr fines eminentemente espirituales según los criterios de carácter  Evangélico.

 

Para tutelar y asegurar el justo recurso a los medios materiales por parte de las personas jurídicas, la Iglesia ha conformado un sistema legislativo para la administración de los bienes, que se encuentra condensado básicamente en el Código de Derecho Canónico, particularmente, en el libro V, titulado “De los bienes temporales de la Iglesia” (cánones 1254-1310).


 
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